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Distancia narrativa

La proximidad psicológica y emocional percibida entre el narrador y los acontecimientos descritos, que va desde el primer plano íntimo hasta la visión general distanciada.

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La distancia narrativa es el grado de cercanía o de lejanía psicológica entre la conciencia que narra y los acontecimientos de la historia. En un extremo, el narrador está tan cerca de un personaje que el lector vive sus pensamientos y sensaciones como si fueran suyos, sin que se perciba ninguna instancia mediadora. En el otro, el narrador contempla los acontecimientos desde una gran altura, comprime años en una oración y trata a los personajes como figuras en un paisaje, no como mentes que habitar. La mayoría de la ficción opera en algún punto intermedio, y los autores con oficio modulan la distancia a propósito: acercan el plano para la intensidad emocional y lo alejan para el contexto, el resumen o la perspectiva temática.

Beloved, de Toni Morrison, ejemplifica la cercanía extrema: hay pasajes en los que la frontera entre narrador y personaje se disuelve hasta que el trauma de Sethe se convierte en la experiencia visceral del propio lector. El Silmarillion, de Tolkien, en cambio, mantiene una distancia tan extrema que guerras y vidas enteras se condensan en párrafos, lo que crea una grandeza mitológica que se vendría abajo con una narración cercana. La señora Dalloway (Mrs Dalloway), de Virginia Woolf, demuestra el poder de variar la distancia dentro de una misma obra, al pasar de la interioridad íntima de los pensamientos de Clarissa a una observación más distanciada de las calles de Londres, y volver, en un ritmo de inmersión y perspectiva.

La distancia narrativa está estrechamente relacionada con la elección del punto de vista, pero no queda determinada por ella. Un narrador en primera persona puede mantener una distancia sorprendente si se muestra reticente respecto a sus propias emociones, como hace Stevens en Lo que queda del día (The Remains of the Day). Un narrador en tercera persona puede lograr una intimidad extrema a través del POV profundo o del estilo indirecto libre. La clave es la intencionalidad: decide qué distancia sirve a cada momento de tu historia y contrólala a través de la especificidad del detalle sensorial, la presencia o ausencia de la voz interior del personaje y la granularidad con que pasa el tiempo. Cuando una escena resulte emocionalmente plana, prueba a acercar el plano; cuando resulte claustrofóbica, prueba a alejarlo.

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