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Héroe trágico

Protagonista de condición noble cuya caída se desencadena por un defecto fatal o un error de juicio y suscita compasión y temor en el público.

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El héroe trágico es uno de los tipos de personaje más antiguos y duraderos de la literatura; su origen está en la Poética de Aristóteles. Aristóteles sostuvo que el protagonista trágico ideal debía ser alguien de condición elevada, ni del todo virtuoso ni del todo villano, cuya catástrofe surge de la hamartía: un defecto fatal o un error de juicio decisivo. La caída del héroe trágico debe suscitar en el público dos emociones precisas: compasión, porque el sufrimiento excede lo que el personaje merece, y temor, porque el espectador reconoce que defectos semejantes habitan también en él. Esta combinación de compasión y temor produce la catarsis, esa purga emocional que Aristóteles consideraba la finalidad última de la tragedia.

El Edipo de Sófocles es el héroe trágico arquetípico: un rey de gran inteligencia y determinación cuya búsqueda obstinada de la verdad lo lleva a descubrir que ha matado a su padre y se ha casado con su madre. En Macbeth, Shakespeare nos entrega un héroe trágico cuya ambición lo transforma, de guerrero célebre, en tirano paranoico, y cada crimen vuelve más inevitable el siguiente. Jay Gatsby, en El gran Gatsby (The Great Gatsby) de F. Scott Fitzgerald, es un héroe trágico moderno cuyo idealismo obsesivo y su negativa a aceptar que el pasado no puede recrearse lo conducen a la destrucción. Walter White, en Breaking Bad, prolonga la tradición en la televisión: su orgullo y su necesidad de reconocimiento impulsan un descenso a la vez espantoso y profundamente humano.

Lo que distingue al héroe trágico de un simple desdichado es su voluntad de acción. El héroe trágico toma decisiones que ponen en marcha la catástrofe; no es una mera víctima del azar. Su defecto es inseparable de las cualidades que lo hicieron grande: la inteligencia de Edipo es el instrumento de su ruina, la ambición de Macbeth fue antes la fuente de su valor, y la capacidad de Gatsby para la esperanza es a la vez su rasgo más magnético y lo que termina matándolo. Al escribir un héroe trágico, asegúrate de que su caída se sienta inevitable y, al mismo tiempo, ganada, arraigada en el carácter y no en el artificio. El lector debe cerrar la historia con la sensación de que el héroe podría haber elegido de otro modo, pero que, siendo quien era, nunca lo habría hecho.

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