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Borrador

Una versión completa de un manuscrito en cualquier etapa de su desarrollo, desde el borrador de descubrimiento inicial hasta el pulido final.

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Un borrador es una versión completa de un manuscrito en cualquier etapa del proceso de escritura, desde el primer intento en bruto hasta la versión final pulida que se envía a publicación. La idea de borradores es fundamental para entender cómo conciben su oficio los escritores profesionales: escribir no es un acto único de creación, sino una sucesión de afinamientos sucesivos, en la que cada borrador cumple una función distinta y acerca la obra a su forma definitiva. El primer borrador es para el descubrimiento: averiguar de qué trata la historia. El segundo es para la estructura: reorganizar, cortar y remodelar. Los siguientes atienden a cuestiones cada vez más específicas: la coherencia de los personajes, el ritmo de la prosa, la autenticidad del diálogo y, por último, la corrección mecánica. Entender este proceso por etapas libera al autor de la expectativa paralizante de que una sesión cualquiera deba producir ya prosa terminada.

Hemingway dejó dicho que "el primer borrador de cualquier cosa es una mierda", una idea que ha sido a un tiempo consuelo y grito de guerra para generaciones de escritores. Anne Lamott formalizó esta filosofía en Bird by Bird con su noción de "borradores de mierda": sostiene que todos los buenos autores producen versiones iniciales pésimas y que la disposición a escribir mal es un requisito para escribir bien. Los relatos de Raymond Carver pasaron por decenas de borradores, muchos de ellos muy moldeados por su editor Gordon Lish. Donna Tartt invirtió una década en redactar y reescribir El jilguero (The Goldfinch), mientras que se cuenta que James Baldwin reescribió La habitación de Giovanni (Giovanni's Room) tantas veces que perdió la cuenta. Estos ejemplos demuestran que el número de borradores varía enormemente de un autor a otro, pero el principio del afinamiento iterativo es universal.

La clave práctica de un buen proceso de borradores está en entender qué debe lograr cada uno y en resistir la tentación de atender todos los problemas a la vez. En el primer borrador, prioriza terminarlo por encima de la calidad: un manuscrito imperfecto pero completo vale infinitamente más que un primer capítulo perfecto. En el segundo, concéntrate en los problemas estructurales: ¿funciona la trama, son coherentes los personajes, es eficaz el ritmo? Reserva las cuestiones de detalle para borradores posteriores, porque no tiene sentido pulir una prosa que puede acabar cortada en la revisión estructural. Etiqueta tus borradores con claridad, conserva accesibles las versiones anteriores y deja tiempo entre borradores para ganar perspectiva. Cada pasada por el manuscrito debe tener un foco concreto y, antes de empezar el siguiente borrador, declara terminado el actual, resistiendo la tentación de retocar sin fin sin avanzar.

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