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Meta de palabras

Objetivo de escritura diario, semanal o por sesión, medido en palabras producidas, que sirve para mantener un progreso constante en un manuscrito.

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Una meta de palabras es un objetivo cuantitativo que mide el avance en función de las palabras producidas dentro de un periodo definido: por sesión, por día, por semana o por mes. A diferencia de objetivos cualitativos como "terminar el capítulo" o "escribir una buena escena", las metas de palabras son concretas, medibles y emocionalmente neutras: o has escrito 1.000 palabras hoy o no lo has hecho. Esa objetividad es su principal ventaja, porque elimina el juicio subjetivo que puede paralizar a quienes fijan objetivos basados en la calidad o en la sensación de haber terminado algo. Una meta de palabras convierte la escritura, de empresa abierta y generadora de ansiedad, en una tarea específica y alcanzable; y el efecto acumulado de cumplirla con regularidad es un manuscrito terminado.

Stephen King escribe 2.000 palabras al día, todos los días, incluidos los festivos, una meta que en Mientras escribo (On Writing) define como innegociable. A ese ritmo termina el primer borrador de una novela típica en unos tres meses. La meta de NaNoWriMo, 1.667 palabras al día (50.000 en 30 días), ha iniciado a millones de aspirantes en la disciplina de los objetivos diarios. Las 250 palabras cada cuarto de hora de Anthony Trollope, sostenidas durante tres horas cada mañana, dieron lugar a una obra asombrosa a lo largo de toda su carrera. Graham Greene se imponía una meta modesta de 500 palabras al día, un ritmo que, aun así, produjo más de veinticinco novelas. Estos ejemplos demuestran que la cifra exacta importa menos que la constancia: una meta modesta cumplida cada día rinde más que una meta ambiciosa cumplida de tarde en tarde.

Fijar una meta de palabras eficaz exige equilibrar ambición y sostenibilidad. Empieza por medir tu velocidad de escritura natural a lo largo de varias sesiones para establecer una referencia: si produces con holgura 500 palabras por hora, marcarte una meta diaria de 3.000 te llevará al agotamiento y a la frustración. Fija una meta que puedas cumplir en tus peores días, no en los mejores, porque el objetivo es construir una racha de constancia que genere su propio impulso. Lleva un registro visual con una hoja de cálculo, un calendario o una aplicación de hábitos; la satisfacción de anotar una meta cumplida refuerza el hábito. Ten en cuenta que las metas de palabras funcionan mejor en la fase de redacción; durante la revisión, el progreso se mide mejor en páginas revisadas o escenas terminadas, porque revisar suele implicar recortar palabras en lugar de añadirlas. Por último, recuerda que no todas las palabras valen lo mismo, pero una palabra mala sobre la página es más útil que una palabra perfecta que sigue en tu cabeza.

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