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Soneto

Poema de catorce versos —en español, normalmente endecasílabos— que sigue uno de varios esquemas de rima establecidos.

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El soneto es una de las formas fijas más perdurables y versátiles de la poesía occidental: catorce versos endecasílabos —en español— o en pentámetro yámbico —en inglés—. Sus dos variantes clásicas son el soneto italiano (petrarquista), dividido en un octeto (ABBA ABBA) y un sexteto (CDE CDE o CDC DCD), y el soneto inglés (shakespeariano), formado por tres cuartetas y un pareado final (ABAB CDCD EFEF GG). Una tercera variante importante, el soneto spenseriano, encadena sus cuartetas con rimas entrelazadas (ABAB BCBC CDCD EE). En la tradición hispánica, el soneto se consolidó con Garcilaso de la Vega y alcanzó cimas con Quevedo, Góngora, Sor Juana Inés de la Cruz, Antonio Machado, Miguel Hernández o Pablo Neruda. Pese a sus diferencias estructurales, todos los sonetos comparten la cualidad de la compresión: catorce versos bastan para desarrollar un argumento, explorar una paradoja o capturar un instante de sentimiento intenso, pero no tantos como para que la forma pierda su tensión.

Los 154 sonetos de Shakespeare siguen siendo la secuencia más célebre en lengua inglesa: exploran el amor, la belleza, el tiempo y la mortalidad con un rango extraordinario dentro de las restricciones de la forma. El Soneto 18 ("¿Te compararé con un día de verano?") y el Soneto 130 ("Los ojos de mi amada no son como el sol") demuestran cómo una misma estructura sirve a la idealización y a la subversión irónica. El Cancionero (Canzoniere) de Petrarca consagró la forma italiana como vehículo para explorar las contradicciones del amor no correspondido. En lengua española, los Cien sonetos de amor de Pablo Neruda y los sonetos del Cancionero y romancero de ausencias de Miguel Hernández prueban la vitalidad contemporánea de la forma; en lengua inglesa, poetas como Edna St. Vincent Millay revitalizaron el soneto con dicción moderna y temas feministas, mientras que los Golden Shovel sonnets de Terrance Hayes y la invención del "American Sonnet" demuestran que el soneto sigue evolucionando.

Escribir sonetos es uno de los mejores ejercicios para desarrollar el oficio, porque las restricciones de la forma obligan a que cada palabra se gane su sitio. Empieza leyendo decenas de sonetos de épocas distintas para interiorizar el ritmo y las proporciones de la forma. Cuando escribas los tuyos, parte de la volta, el giro, el momento en que cambia el argumento del poema, porque el giro es el motor del soneto. En el soneto italiano, suele caer entre el octeto y el sexteto; en el inglés, llega habitualmente con el pareado final. No temas usar la forma con cierta libertad al principio. Muchos poetas contemporáneos escriben "casi sonetos" con rimas parciales o catorce versos en verso libre, y emplean la forma como un campo gravitatorio antes que como una jaula rígida.

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