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Quiasmo

Una figura retórica en la que dos o más elementos se disponen en orden cruzado, repitiendo estructuras invertidas para crear simetría y énfasis.

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El quiasmo es una figura retórica que consiste en disponer dos elementos paralelos en orden inverso: A-B-B-A. La famosa frase de John F. Kennedy "No preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregunta qué puedes hacer tú por tu país" es un quiasmo perfecto: los términos "país" y "tú" aparecen primero en un orden y, después, en el orden inverso. Ese cruce produce una sensación de equilibrio y cierre que graba la frase en la memoria. El nombre procede de la letra griega chi (Χ), cuya forma de aspa describe gráficamente el cruce de los términos.

El quiasmo aparece desde la literatura griega y bíblica hasta el discurso político y la canción contemporánea. Los proverbios bíblicos abundan en quiasmos: "El sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado". Cicerón lo cultivó en su retórica latina y, a través de él, llegó a la oratoria humanista. Shakespeare lo emplea con frecuencia: "Lo bello es feo y lo feo es bello" en Macbeth. En lengua española, el Siglo de Oro está lleno de quiasmos —"Cuando quiero llorar, no lloro, y a veces lloro sin querer", de Rubén Darío—, y poetas como Lorca o Vallejo los utilizan para subrayar paradojas y contradicciones. En el discurso político moderno, el quiasmo es uno de los dispositivos favoritos para construir frases memorables.

Para escribir quiasmos eficaces conviene tener en cuenta tres cosas. Primero, el quiasmo gana fuerza cuando el cruce produce un giro real de sentido, no solo un juego formal: el paso de "A-B" a "B-A" debe iluminar algo que la simple repetición no diría. Segundo, el ritmo importa tanto como la estructura: los dos miembros del quiasmo deben tener pesos prosódicos parecidos para que el equilibrio sea audible. Y tercero, el quiasmo es una figura intensa; usado con moderación, eleva el tono de un texto, pero abusado se vuelve previsible y manierista. Resérvalo para los momentos en que quieras subrayar una paradoja, una decisión moral o un cierre fuerte; en el resto del texto, deja que la prosa avance sin que cada frase quiera ser memorable.

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