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Microrrelato

Ficción muy corta, típicamente de menos de 1.000 palabras, que cuenta una historia completa con extrema economía de lenguaje.

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El microrrelato es una forma de narración muy breve, definida por lo general como ficción de menos de 1.000 palabras, aunque algunas convenciones suben ese techo hasta las 1.500 y subcategorías como la microficción o el drabble bajan el límite hasta las 100 palabras o incluso menos. Pese a su brevedad, el microrrelato no es un boceto, una viñeta ni una anécdota: en su mejor versión, entrega una experiencia narrativa completa, con un comienzo, un giro y un final que recontextualiza lo anterior. La forma exige una economía extrema. Cada oración tiene que cargar con peso, cada detalle debe cumplir varias funciones y el autor ha de confiar en que el lector rellene lo que queda sin decir. El microrrelato está más cerca de la poesía que de la novela en su relación con la compresión.

La apócrifa historia de seis palabras atribuida a Hemingway, "Se vende: zapatos de bebé, sin estrenar", ilustra el principio aun cuando su autoría se discute: el poder del microrrelato reside en lo que sugiere. Lydia Davis es la gran maestra contemporánea de la forma; colecciones como Ni puedo ni quiero (Can't and Won't) contienen piezas que van desde una sola oración hasta unas pocas páginas, cada una un mecanismo de pensamiento y sentimiento diseñado con precisión. In the Cemetery Where Al Jolson Is Buried, de Amy Hempel, aunque algo más extenso que la mayoría de los microrrelatos, demuestra la técnica característica del género: rondar un núcleo emocional sin enunciarlo nunca de manera directa. Revistas en línea como SmokeLong Quarterly y Flash Fiction Online han ampliado el público del microrrelato y ofrecen plataformas imprescindibles a las voces emergentes.

Escribir microrrelatos es un excelente ejercicio para cualquier autor, porque obliga a eliminar lo no esencial. Parte de una sola imagen, un momento o una situación emocional, y pregúntate cuál es el envase más pequeño capaz de contener una historia completa. Recorta la exposición sin piedad; empieza lo más cerca posible del final. Usa detalles concretos y específicos en lugar de descripciones abstractas: en el microrrelato no hay sitio para ambos. Presta especial atención al cierre: la última línea funciona a menudo como el remate de un chiste o la volta de un soneto, y reencuadra todo lo anterior. Revisa por sustracción: si una oración puede eliminarse sin dañar la historia, debe eliminarse.

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